Mayo de 2026 · Tiempo de lectura: 4 minutos
El contexto: una nueva dosis aprobada en Europa
La Comisión Europea ha aprobado recientemente una nueva dosis de 7,2 mg del fármaco Wegovy (semaglutida), tres veces superior a la dosis terapéutica actual de 2,4 mg. La noticia ha reabierto el debate sobre cuál debe ser la estrategia farmacológica en el tratamiento de la obesidad.
Desde mi experiencia clínica, la escalada de dosis no debería convertirse en la respuesta automática cuando un paciente no está consiguiendo los resultados esperados.
No siempre es necesario llegar a la dosis máxima
Hasta ahora, la dosis máxima considerada terapéutica es de 2,4 mg. En teoría, todos los pacientes con obesidad deberían llegar a ella. Sin embargo, en mi práctica clínica no siempre es necesario.
He visto a muchos pacientes conseguir pérdidas de peso significativas, incluso de hasta 20 kilos, con dosis de 1 mg o inferiores a lo largo de 12 meses de tratamiento.
Por eso, hablar de dosis superiores a 7 mg me parece excesivo en la mayoría de los casos. La obesidad no se trata subiendo miligramos por sistema, sino individualizando el tratamiento. Si consigo resultados eficaces con dosis más bajas, no tiene sentido forzar una escalada.
El problema no es la dosis: es cómo se prescribe
Soy favorable al uso de agonistas GLP-1 y considero que el medicamento es una herramienta excelente. Sin embargo, también creo que el error más frecuente es prescribirlo sin un acompañamiento clínico adecuado.
Recetar el fármaco y dejar al paciente durante meses sin seguimiento médico ni control nutricional me parece un planteamiento equivocado.
En mi enfoque terapéutico, el tratamiento descansa sobre tres pilares:
- Control médico continuado a lo largo de todo el proceso.
- Control nutricional adaptado a cada perfil y etapa del tratamiento.
- Medicación GLP-1 utilizada como herramienta de apoyo, no como solución única.
No todos los médicos que prescriben el fármaco tienen formación en nutrición, y eso puede marcar la diferencia tanto en los resultados como en la tolerancia.
Regular el apetito, no suprimirlo
Mi objetivo no es eliminar completamente el apetito, sino reducirlo de forma controlada y tolerable. El medicamento no está para castigar al paciente con efectos secundarios intensos. Está para ayudarle a comer menos y mejor, facilitando un cambio real de hábitos.
En consulta trabajo de forma activa la educación alimentaria: ajuste de cantidades, dieta hipocalórica adaptada a cada perfil, reducción de alimentos grasos y limitación de bebidas alcohólicas, que pueden provocar náuseas e indigestión durante el tratamiento.
Los hábitos no se modifican en quince días ni en un mes. Hay que aprovechar el periodo en el que el apetito disminuye para consolidar cambios sostenibles.
El factor económico
También me preocupa el impacto económico de esta nueva dosis. Si la presentación actual de 2,4 mg ronda los 300 euros mensuales, una dosis tres veces superior podría acercarse a los 900 euros al mes, lo que la haría inaccesible para una parte importante de los pacientes.
Desde el punto de vista clínico y económico, no veo justificada una subida sistemática de dosis.
¿Qué ocurre si el paciente no responde?
Cuando un paciente no obtiene resultados adecuados con la dosis de 2,4 mg, valoro la posibilidad de que se trate de un perfil que no responde al principio activo. En esas situaciones, quizá la solución no sea aumentar indefinidamente la dosis, sino estudiar otras alternativas terapéuticas.
"El medicamento es buenísimo. Pero solo el medicamento, sin seguimiento médico y nutricional, es un error."
Fuentes
Infosalus (febrero 2026): La Comisión Europea aprueba la dosis triple del Wegovy actual.
Novo Nordisk / GlobeNewswire (febrero 2026): The European Commission approves more effective dose of injectable Wegovy.